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Los padres con hijos dislexicos. 2.Desarrollo de la deficiencia lectoescritora.
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Articulo
enviado por Vicente
Martins, profesor de Educación Especial y Lingüística.
No
son pocos los relatos de la ansiedad de los padres al confrontarse con
dificultades para adquirir un buen desarrollo del lenguaje verbal, oral y
escrito de sus hijos.
La
lectura y la escritura son dos habilidades complejas e imprescindibles para la
adquisición de las demás habilidades en la escuela como la de calcular y
contemplar los conocimientos históricos acumulados de las civilizaciones.
Los
padres en sus relatos demuestran que niños en fase educacional, a los 8 o 9 años
de edad, presentan lectura y escritura defectuosas. El cambio de letras en la
escritura o cambio de fonemas cuando se habla o se lee es uno de los principales
índices de las dificultades lectoescritoras.
La
falta de planeamiento en al acto de escribir o falta de comprensión lectora,
después de la lectura del texto, son indicadores del grado de complejidad de la
lectoescritora en el ambiente educativo.
En
esa edad, particularmente en el primero ciclo de la educación formal y sistemática,
en la enseñanza básica, la preocupación de los padres se vuelve para los
primeros indicios de los defectos lingüísticos.
La
tesis de que la escuela es una fábrica de lectores malos no debe ser descartada
en ese momento. No se trata de encontrar culpables, y sí buscar las raíces del
fracaso de las escuelas.
La
escuela, aunque sea una institución antigua, todavía esta gateando en la enseñanza
científica de las lenguas maternas y extranjeras.
La
ausencia del método eficaz en la enseñanza de las escuelas, por falta de
soluciones del sistema político o falta de aptitud de la gestión pedagógica,
es tenido como la causa más importante del fracaso del enseñanza de la
lectoescritura y, la insistencia en equivocaciones, acaba por generar, a lo
largo de una década de formación básica, un aprendizaje defectuoso, causando
una serie de problemas con las letras.
La
escuela no se ha dado cuenta que enseñar bien es favorecer la memoria a largo
plazo de los niños, para que almacenen informaciones y conocimientos por un
largo periodo de vida.
Asimilar
bien el contenido de la escuela debe ser verdaderamente la ultima finalidad de
las escuelas. En un lenguaje común, enseñar para la vida es enseñar a pescar
y no limitarse a regalar el pescado: es enseñar a aprender.
El
significado de aprender debe por lo tanto ser visto como una asimilación
activa. Aprender de tal modo que, en la ultima etapa de educación básica, en
la enseñanza media, los jóvenes tengan un desempeño eficiente o satisfactorio
en la hora de leer un libro o de escribir un texto para concursos o pruebas de
Universidad. Sin una memoria a largo plazo es difícil el acceso al léxico en
la hora de escribir un texto o hacer lecturas. Leer para aprender empieza por
una lectura comprensiva de una obra literaria, como los clásicos de la
literatura Brasileña ( Machado de Assis, Aluisio Azevedo, Ráchale de Queiroz y
otros) y no limitarse a responder solo los formularios de lecturas, anexas en el
libro.
Leer,
pues, es concluir ideas y construir, atribuir sentidos, significados plurales,
al lo que ha leído, de modo que aplique informaciones y reconocimientos
adquiridos en la vida universitaria y personal.
Una
obra, como O Cortiço, de Aluisiso Azevedo, no podrá ser traducida solo como
descripción del cuadro social del Rio de Janeiro en finales del siglo XIX, sino
como una critica del autor, naturalista, a la forma predatoria con la cual
Portugal dominó el país en el periodo colonial.
La
escuela insiste en cuestiones generales como “¿qué modalidad tiene esta
obra?", "¿a qué escuela pertenece el actor X o Y?", “¿quién
es el personaje? "... . De esa manera la escuela funciona como un
cementerio oficial de lectores hábiles. Algunos profesores, en esos cementerios
lectores, no funcionan como facilitadores y estimuladores del aprendizaje
eficaz, sino verdaderos lavadores de cerebros de la lectura.
Muchas
veces las preocupaciones de los padres con la función de lector de los hijos
son aparentemente pequeñas. Algunos padres por cierto, exageran en las
expectativas de sus hijos en lo que se refiere a escritura o a lectura, pero la
falta de confianza para el padre es un buen indicio de lo que realmente puede
estar ocurriendo en la formación lectoescritora de su hijo. La sociedad escogió,
entre las instituciones sociales, la escuela para trabajar con los cerebros de
la lectura y de la escritura de nuestros hijos. Ocurre que muchos niños, con
dificultades lectoescritoras, especialmente de falta de habilidad lectora, no
llegan a la comprensión significativa del asunto de la obra. A padres y
profesores, les gustaría que sus hijos lectores, llegasen después de una
lectura de una obra a la comprensión de las palabras y de su mecanismo de
funcionamiento.
Un
mal lector, en enseñanza media, puede ser generado en el periodo de la enseñanza
básica. Por ejemplo, algunos alumnos con dificultades especificas de
lectoescritura en el final del primero ciclo de enseñanza básica hacen cambio
de fonemas y grafemas como t/d, f/v, b/p, principalmente.
¿Qué
hacer si la dificultad de los educadores está en la palabra, en la enseñanza
gráfica y no en el texto como un todo?¿ Alguien que tenga dificultad en
comprender una palabra tendrá alguna posibilidad concreta de comprender bien
una frase? ¿Habrá sido eficiente la educación infantil o la clase de
alfabetización, en cuanto al desarrollo cognitivo y lector de los niños, en la
preparación para lectura inicial o intermediaria?
Muchos
padres, sin una respuesta eficaz de la escuela, buscan, fuera del ambiente de la
escuela, profesionales como foniatras o logopedas, pediatras, neurólogos y
psicopedagogos en busca de la superación del problema. Muchos profesionales,
por su parte, actúan, prontamente, en la preeducación del lenguaje verbal,
sugieren caminos, pero las dificultades de lectoescritora son especificas de la
lectura y de la escritura.
Los
que se aventuran a comprender y a intervenir, profesionalmente, en la terapia de
las habilidades lingüísticas, deben conocer la teoría, el proceso y
desarrollo del lenguaje. No es casualidad que, hoy, profesionales de salud (más
que los profesionales) son grandes lectores y autores de obras relacionadas con
las patologías del lenguaje.
Existe
una medicina pedagógica que ya ocupa el espacio dejado por los pedagogos
tradicionales cuando están delante de situaciones en que los niños no aprenden
a escribir y a leer bien a pesar de tener las condiciones objetivas ofrecidas
para una formación eficaz.
Con
la ayuda de esos profesionales de la educación y preeducación lingüística,
que se dedican à terapia del lenguaje, así como el diagnostico y intervención
psicopedagógica, el problema da dislexia, disgrafia es soportado, compensado
pero no significa la superación definitiva de los disturbios.
En
los siguientes capítulos:
3. La
falta de respuesta de la escuela en la enseñanza lectoescritor.
4.
Defectos en aprendizaje de lectoescritura.
5.
Desarrollo de la capacidad de aprender.
6.
Bibliografía.
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