Comienza
el Otoño, con la llegada del frío, los niños deben pasar, de la libertad del
parque, de los juegos con
amigos... a las largas tardes de invierno, en casa. Durante Septiembre y Octubre,
este cambio comenzó a producirse con la llegada del cole,
pero a partir de ahora hay que empezar, con una rutina diferente. Antes
de que lleguen las ansiadas Navidades, os proponemos aprovechar este mes, para
comenzar a reeducar todas esas conductas que, o bien, hemos relajado durante el
verano, o bien, nunca fueron adecuadas. Para ello os introducimos una técnica
que tiene como finalidad el aprendizaje o la modificación de conductas.
Antes
de empezar con la reeducación, y la técnica asociada, deberemos prepararnos a nosotros mismos, por que
la tarea es ardua, y sobre todo requiere esfuerzo y constancia. Hay que
tener muy en cuenta que no existe método que funcione, si fracasa la persona
que lo aplica.
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Ante
todo relájate, piensa que tu estado de animo es fundamental para
realizar cualquier cambio, y que el te ve como su espejo. No le puedes pedir
que no grite, a gritos. Se un poco permisivo contigo, no es necesario sacar
una licenciatura para educar a tus hijos, basta con demostrar todo el
cariño que llevas dentro y aplicar unos criterios con la mejor de las
intenciones.
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Escucha
a tu hijo el mayor tiempo posible y con todos tus sentidos. Atiéndele
sin prisa. Lee con él historias divertidas. Anímale a hacer preguntas.
Exprésale tu cariño tocándole, abrazándole, haciéndole cosquillas,
peleando con él... necesita mucho contacto físico. Contágiale tu alegría
y tus ganas de vivir disfrutando con él.
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Cuando
se porte mal siempre que puedas, ignórale, sin resentimientos
simplemente haz como si estuvieses ocupadísimo en otra cosa. Muchos de sus
comportamientos molestos, solo tienen como fin llamar la atención de los
adultos. Si no puedes ignorarle por que lo que ha hecho, puede ser peligroso
para él (cruzar solo la calle, tocar un enchufe...). Díselo y explícale
cómo te sientes ante su conducta. Luego conversa con ellos sobre formas de
resolver el problema. Trata de encontrar una solución que complazca a los
dos. De esta forma los niños aprenden a ser responsables de su
comportamiento. No le regañes, ni le hagas sentirse culpable, incapaz o inútil.
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Recompénsale
con la mayor frecuencia posible, con elogios sinceros, buenas palabras,
gestos, sonrisas... En general, si tiene más de nueve años, posiblemente
agradezca más que ninguna otra cosa, un gesto secreto entre los dos. Si
tiene menos de nueve, los elogios deben ser demostraciones amplias, incluso
públicas de satisfacción. La mejor forma de ver cual es el tipo de elogio,
que más se adapta al carácter de tu hijo, es observar los resultados. Pero
sea cual sea, lo importante, es que él reconozca sus propios éxitos, por
muy pequeños que estos sean. Ha de entender que ese éxito es debido a su
manera de comportarse. Para niños más pequeños es necesaria la inmediatez
de la recompensa para que puedan asociar la conducta a la recompensa. Si solo, ha recogido un juguete, recompénsale
por ello, aunque el resto de la habitación sea una leonera.
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Implícale
en la planificación de las normas y actividades familiares. Asígnale
tareas y responsabilidades, por supuesto dentro de los límites de su edad,
(poner la mesa, recoger juguetes, abrir las camas...).
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Analiza
tu forma de hablar con él. Cuenta, solo durante un día, el numero de
veces que dices cosas como: "¡No des golpes con la puerta!" en
lugar de: "Por favor, cierra la puerta con cuidado." Luego, trata
de decir "Por favor" con mayor frecuencia y "No" con
menos frecuencia.
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Ayúdale
a organizar su tiempo, confeccionando horarios de juegos, de baños,
de cena y de estudio. Un niño con una rutina de hábitos bien planificados,
crecerá más seguro, ya que sabe lo que se espera de él en cada momento.
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Haz
que participen todas las personas que conviven con el niño, del
método que te vamos a explicar. Si ante una misma conducta tu le elogias y
su cuidadora le regaña, el niño se sentirá desconcertado.
Teniendo
en cuenta estas pautas, vamos a comenzar a reeducar.
Lo
primero que nos debemos plantear, es qué comportamiento queremos cambiar. Aunque de
pronto se nos acumulen mil, hay que hacerlo de uno en uno. Podéis hacer una
lista, con todas esas formas de actuar, que creéis que deben mejorar, y
comenzar por las que os parecen más fáciles de cambiar. Os servirá de
entrenamiento a los dos.
A
continuación, estableceremos una serie de premios. La elección de los
premios deberá realizarse con el niño. Sentaros juntos y pensar entre los dos
que cosas le apetecen a corto plazo. A ser posible, antes de sentarnos con él, ya
habremos elaborado una lista para ayudarle a decidir y darle ideas. No pienses
en ningún momento, que estas chantajeando a tu hijo. Esta idea negativa te
llevara a fracasar, piensa que todos reaccionamos ante los estímulos y a cada
edad necesitamos estímulos diferentes.
Una
vez que tengamos claras las recompensas, deberemos hacer categorías, es decir,
tendremos que tener:
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Premios que se puedan dar a diario (elegir el postre,
esperar despiertos hasta que llega papá, una chuche...)
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Premios semanales
(irnos a merendar con el solo, comprar un nuevo paquete de cromos, ir al cine el
Domingo...)
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Grandes premios (un juguete que desea mucho, una película
de video,..). No es cuestión de arruinarnos reeducando a nuestros niños,
establece unos limites de precios, adaptados a tu economía.
A
continuación, elegiremos un gráfico(*), su función será la de anotar, cada vez
que se realice de la manera adecuada un comportamiento. Recuerda ser serio. Solo
puntúan los comportamientos que se realizan de forma adecuada. Los que se
hacen a medias no cuentan. Si pretendemos cambiar una conducta, no podemos
premiar de la misma manera, la falta de interés, que el esfuerzo.
(*)En
función de la edad podemos elegir diferentes sistemas, los más pequeños pueden elegir un dibujo para
colorear zonas, y los más mayores seguro que prefieren, un cuadro escrito, de
toda la semana, donde ir anotando sus avances, en lugar de colorear, pueden ir
sumando puntos. Lo más importante del gráfico, es que este en un lugar visible,
para que muestre, lo que le falta para conseguir el premio y lo que lleva ya
conseguido.
El
gráfico se rellenará siempre en común, a ser posible a la hora de acostarse,
pero si un día, hay un suceso tan especial, que no permite esperar hasta la
cena para anotarlo, lo haremos en ese mismo momento. Entre los dos acordareis
cuales son los premios que se van consiguiendo en cada zona del grafico, por
ejemplo, cuando se haya coloreado la mitad, podrá tener un premio semanal, y
cuando se termine de colorear el gráfico completo, obtendrá un gran premio.
Desde
el momento que empecemos a poner en práctica este sistema, deberemos recordar,
que además de colorear a diario la zona que le corresponda, cada vez que realice
bien la conducta que estamos trabajando habrá que elogiarle. Al principio los
elogios deberán ser constantes. Después, podrán espaciarse más en el tiempo,
ya que esa manera de actuar, comenzará a formar parte de su vida, por ultimo
casi desaparecerán, pero nunca de manera definitiva.
Cuando
cambiar un comportamiento al niño le suponga un gran esfuerzo, deberemos premiar también
con los regalos de diario. Por ejemplo, si es un niño muy nervioso, y estamos
corrigiendo que no interrumpa las conversaciones de adultos; para el, ese minuto
que ha permanecido esperando será un mundo, y así lo tendremos que valorar.
Aunque estemos con una visita de lo mas incómoda, debemos mirarle un segundo
sonriendo. Aunque el resto del tiempo se porte fatal, cuando se vaya la visita
le podemos dar un caramelo y agradecerle su paciencia, explicándole, que
sabemos que en ese minuto ha echo un esfuerzo muy importante y que por ello le
recompensamos.
Nunca
escatimes recompensa ni las dejes para mañana. Antes de comenzar, prepara todos
los premios que habéis acordado. Es muy posible que los consiga, antes de lo
que tu prevés, y no te puede coger por sorpresa. Para pedirle que se esfuerce
por mejorar, tú tienes que ir a la cabeza, en la organización.
No
inicies el proceso de cambio de un nuevo comportamiento, hasta que el anterior no haya quedado
firmemente arraigado. Si le agobias al final será una perdida de tiempo. Si
crees que con un gráfico no tienes suficiente, utiliza otro para continuar
insistiendo.
A
continuación te mostramos algunos ejemplos de gráficos.

El
proceso de reeducación necesita su tiempo, aunque no hay como iniciarlo y empezar a
observar resultados. Así pues, ánimo y mucha suerte, el esfuerzo valdrá la
pena.