Las vacaciones han terminado. La vuelta a casa supone mucho más que deshacer las maletas y llenar la desierta nevera, es volver a la rutina, horarios, prisas y obligaciones. Para los niños, esto se traduce en la vuelta o el comienzo de la vida escolar. Y como le puede ocurrir a un adulto, también se puede traducir en ansiedad y angustia.
Por supuesto, no es lo mismo el niño de tres años que va por primera vez a la escuela infantil que el peque de siete que vuelve a su colegio, pero el principio fundamental para que todos se enfrenten de la mejor forma posible al cole es irles preparando de manera positiva y alegre a su inminente y nueva rutina. Hablarles con entusiasmo del encuentro con amigos, de todo lo que van a aprender, de los juegos y del montón de cosas positivas que tiene el colegio hará que sus cabecitas se vayan acomodando poco a poco a la nueva circunstancia y el cambio no sea tan brusco.
El estreno de libros, mochilas, cuadernos, lápices o zapatos es otra razón para animarles. Una razón materialista, lo reconocemos, pero que tire la primera piedra el que no tenía ilusión por ver todo su material nuevo y resplandeciente.
Los nervios y el cansancio no son buenos compañeros en ninguna circunstancia, y en los primeros días de colegio, menos. Lo perfecto es ir adaptando los horarios paulatinamente, si el niño se acostaba y levantaba más tarde en verano, no se puede pretender que de un día para otro se acueste pronto, se duerma en un minuto y se levante al alba como una rosa. Lo aconsejable es irles metiendo en la cama un cuarto de hora antes cada día hasta llegar a la hora de invierno. Y el día que empiecen las clases, intentar despertarles con tiempo de sobra para que desayunen tranquilos y a poder ser, con sus padres.
La vuelta a casa desde el cole también es importante. Preguntarles por sus nuevos profesores, compañeros, experiencias o sentimientos hará que se desahoguen y se sientan apoyados. Normalmente en un par de semanas todos los niños se adaptan bien a la rutina escolar, existen algunos afortunados que desde el primer día van y vuelven tan contentos, y también los hay que tardan un poquito más. Con estos hay que tener paciencia, darles un margen y no exigirles mucho. Si pasado un tiempo razonable vemos que el niño no se aclimata, habría que investigar porqué.
Y ya que nos hemos ocupado de nuestros hijos, un mensaje para todos aquellos padres que han vuelto "a la vida real" y que también están pasando el famoso síndrome posvacacional: ánimo, que ya queda menos para las vacaciones.