Hoy en día uno de cada cuatro matrimonios termina
en divorcio y muchas de las parejas divorciadas tienen niños. Los
padres que se están separando a menudo se preocupan acerca del efecto
que el divorcio tendrá en sus hijos. Durante este período difícil,
los padres se preocupan principalmente por sus propios problemas, pero a
la vez son conscientes de que son ellos las personas más importantes
en la vida de sus hijos.
Mientras los padres bien pueden sentirse desconsolados o contentos por su divorcio, invariablemente los niños se
sienten asustados y confundidos por la amenaza a su seguridad personal.
Algunos padres se sienten tan heridos o abrumados por el divorcio que
buscan la ayuda y el consuelo de sus hijos. El divorcio puede ser
malinterpretado por los niños a no ser que los padres les digan lo que
les está pasando, cómo les afecta a ellos y cuál será su suerte.
Los niños con frecuencia creen que son la
causa del conflicto entre su padre y su madre. Muchos niños asumen la
responsabilidad de reconciliar a sus padres y algunas veces se
sacrifican a sí mismos en el proceso. En la pérdida traumática de uno
o de ambos padres debido al divorcio, los niños pueden volverse
vulnerables tanto a enfermedades físicas como mentales. Con mucho
cuidado y atención, sin embargo, una familia puede hacer uso de su
fortaleza o de sus factores positivos durante el divorcio, ayudando así
a los niños a tratar de manera constructiva con la solución al
conflicto de sus padres.
Los padres deben percatarse de las señales de
estrés persistentes en su hijo o en sus hijos. Los niños pequeños
pueden reaccionar al divorcio poniéndose más agresivos, negándose a
cooperar o retrayéndose en sí mismos. Los niños mayores pueden sentir
mucha tristeza o experimentar un sentimiento de pérdida. Los problemas
de comportamiento son muy comunes entre estos niños y su trabajo en el
colegio puede verse afectado negativamente. Ya sea como adolescentes o como
adultos, los hijos de parejas divorciadas a menudo tienen problemas en
sus relaciones y con su autoestima.
Los niños tendrán menos problemas si saben
que su mamá y su papá continuarán actuando como padres y que ellos
los seguirán ayudando aún cuando el matrimonio se termine y el padre y
la madre no vivan juntos. Las disputas prolongadas acerca de la custodia
de los hijos o la coerción a los niños para que se pongan de parte del
papá o de la mamá les pueden hacer mucho daño. Las investigaciones
demuestran que los niños se desarrollan mejor cuando los padres tienen
la capacidad de cooperar para su bienestar.
La obligación continuada de los padres por
lograr el bienestar de los hijos es vital. Si el niño muestra indicios
de estrés, los padres deben consultar con un especialista bien su
pediatra o un psicólogo infantil.